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La historia de Sara, Tobías y el Arcángel Maravilloso



Ayer de casualidad me topé con un programa donde el comentarista tenía una trivia para el público. Consistía en leer un pasaje de la biblia y el televidente tenía que marcar para decir el nombre de un arcángel. Me quedé escuchando la historia, que ya sabía desde hace mucho. Puedo decir que es mi preferida dentro de los libros que integran la Biblia. Se sitúa en el libro de Tobías y es un relato bellísimo.

La historia inicia con Sara la de Ragüel, una muchacha joven, guapa, inteligente, pero muy desdichada. No podía casarse porque el demonio Asmodeo la tenía aprisionada. Llevaba 7 novios, es decir, 7 veces había llegado al matrimonio, pero justo la noche de bodas, el demonio se aparecía y mataba a sus novios, así que nunca había podido consumar sus uniones.

Ya ningún hombre se le quería acercar por temor. Ella había pensado incluso hasta en el suicidio. Una noche, mirando las estrellas con los ojos llenos de lágrimas imploró a Dios que la ayudara, porque no sabía qué hacer ni cómo librarse de ese demonio. Ella había sido buena hija y sólo pedía un matrimonio tranquilo. Era hija única y no quería darle una tristeza mayor a sus padres si decidía suicidarse. Al contrario, imploro a Dios para que le quitara esos pensamientos negativos y la ayudara.

Al mismo tiempo, lejos de ahí, Tobit, un hombre bueno que había sido un rico mercader, había perdido todo lo que tenía por venganza y por decisión de sus gobernantes. Anciano y ciego para colmo de males, también había pensado en el suicidio, pero tenía un hijo joven, Tobías, que era toda su esperanza y una esposa a la que no quería dar más problemas. Vivía muy mortificado por haber caído sin saber por qué en tal desgracia. Recordó que en Media, un lugar distante, tenía un pariente al que le había hecho un depósito de plata hace tiempo. Pensó que si mandaba a su hijo a recuperarlo, podía recuperar la última de sus posesiones y podría dejarle esa tranquilidad material a su hijo, en su vejez, en vez de tragos amargos. Esa misma noche, Tobit imploró a Dios su ayuda y misericordia. Y Dios, en su infinita bondad, escuchó al mismo tiempo las peticiones de Sara y de Tobit, y les mando un Arcángel maravilloso para que los sanara de todos sus dolores, físicos y espirituales. Ese Arcángel fue Rafael.

Sucede que Tobit temía por la vida de su joven hijo, pues atravesar el desierto suponía grandes peligros. Su esposa no quería que dejara partir al hijo, sentía que no lo volvería a ver, que lo matarían. Tobit pidió a su hijo buscar un hombre que conociera bien el camino y que fuera de confianza, ya sería mucha suerte si fuera de su misma estirpe. Y como Dios ya estaba muy cerca de él, cuando Tobías salió a buscar a su acompañante de pronto encontró al buen Azarías, que era Rafael disfrazado de viajero. Todo ya estaba dispuesto en el plan de Dios, se conocieron, congeniaron y hasta acordaron el viaje juntos.

Cuando Tobías lo llevó a su casa a presentarlo con su padre, el arcángel al entrar le dijo a Tobit: ¡QUE DISFRUTES DE MUCHA ALEGRIA! ¿Qué alegría puedo disfrutar yo si vivo entre tinieblas como los muertos, estoy viejo, ya no valgo nada?, dijo desesperado Tobit. Y el arcángel le contestó: NO TEMAS. DIOS TE CURARA DENTRO DE POCO.

Me puse a meditar y me llegaron muchas revelaciones sobre este maravilloso hecho. Cuántas veces no hemos estado al borde de la desesperación, aprisionados por problemas económicos, condenas sociales, injusticias. Nos hemos sentido solos, aislados, sin ayuda. Y cuando volteamos hacia Dios y nos ponemos en sus manos, su respuesta es así de sencilla y poderosa a la vez: nos envía a un ángel. Me encanta releer esa respuesta de San Rafael: No temas que Dios te curará dentro de poco.

Y vaya que curó a Tobit. En la historia vienen diversos pasajes en el trayecto de Tobías hacia Media, acompañado del Arcángel. El no revela su identidad para no inquietar ni asombrar a sus protegidos. Cumple su misión fiel y discretamente. Dios así nos reconfirma que todos tenemos un ángel guardián que nos acompaña siempre. Me gusta esa parte de la discreción y fidelidad de los ángeles. Hoy que su presencia se deja sentir mucho más fuerte que en otras épocas quizá, también suele confundirse con el esoterismo y la gente espera que el ángel baje con todo el glamour, trompetas y show, pero no, los ángeles no son mágicos, son seres de luz, fieles a la voluntad de Dios, cumplen su función de mensajes y guardianes con absoluta discreción. A veces, su presencia ni se nota, pero se siente una tranquilidad tan placentera que sabemos, de uno u otro modo, que pasó un ángel a nuestro lado. Ellos no quieren el primer crédito por lo que hacen, siempre nos dirán que ¡Gloria, sólo a Dios!

Hay versiones en esta narración en las que se dice que al salir hacia Media, iban juntos Tobías, Azarías (San Rafael) y un perro fiel que los acompañaba. Me encanta saber que en este pasaje, los perros -que son mis mascotas favoritas- tienen una misión similar a la del ángel y representan, para mí, la fidelidad, la alegría y la aventura, pero también el cuidado y la protección. Para mí, los perros y en general, nuestras mascotas, tienen una misión de luz muy específica al estar con nosotros acompañandonos por momentos o durante gran parte de nuestra vida.

Y como el plan divino de Dios es perfecto, hace que el destino de Sara la de Ragüel y Tobías se entrelacen. Con ayuda del ángel -que en cierto punto de la historia también cumple una mision de cupido- hace que los jóvenes se conozcan y le ayuda a Tobías a destruir al demonio que la tiene aprisionada, con ello, Tobías y Sara logran casarse, el joven recupera la fortuna de su padre y al regresar, incluso, le ayuda a sanar de su ceguera, siempre con ayuda y protección del ángel.

Sucede que Rafael le pide a Tobías atrapar a un gran pez en un río y le da la siguiente instrucción: "Saca la hiel, el corazón y el hígado del pez. Reserva la hiel para curar la ceguera de tu padre y el corazón y el hígado los quemarás pues ese olor destruirá a Asmodeo". Tobías obedece, aunque no comprende por qué esas cosas son medicinales, pero es obediente. Y tal como le dijo el ángel sucede. Todo es felicidad, la alegría al final rodea la vida de Tobías, de Tobit, de Sara y sus padres. Dos familias con hijos jovenes tienen la dicha de salir de la desgracia por la misericordia de Dios y unen sus vidas a través del amor y la felicidad de su descendencia.

Es una historia que nos deja claro que San Rafael es un arcángel poderoso y sutil a la vez. De esta historia se le considera el ángel medico, el sanador, pero también el compañero de viaje, el siempre alegre y simpático, el que une a las parejas y ayuda  a los matrimonios que inician a que construyan una vida en pareja estable y segura, sin temor.

También la historia nos deja muchas lecciones sobre cómo debemos pedir a Dios sobre los bienes materiales y cómo a través de la fe conseguimos su Abundancia y Prosperidad. Sobre la seguridad y las buenas compañías, sobre los consejos de los padres a los hijos, sobre todo cuando los padres han entrado en la vejez y temen dejar desamparados a sus hijos. Habla de todos temores que sentimos, y cómo Dios en su infinita misericordia nos regresa a la paz y al amor, de cómo siempre nos envía un ángel que no nos deja solos y que dependiendo qué tan abiertos estemos a su guía, podremos abrirnos de corazón a su ayuda.

Al final, cuando San Rafael termina su misión, hay una gran fiesta, todos le quieren pagar en agradecimiento por todo lo que hizo. Pero el entonces, se les revela y se muestra como el arcángel que es. La gente se asusta un poco, siempre nos da miedo estar tan cerca del amor de Dios y de sus seres de luz, pues emiten tal paz, tal fuerza que por un momento, desconciertan al ser humano. Entonces, él les dice: A quien deben agradecer es a Dios pues ha propiciado todos estos bienes y sanación, Gloria sólo a El. Y entonces se eleva hacia el cielo. Todos lo ven ascender, unos con miedo, otros con curiosidad y entonces comprenden que durante varios meses, entre ellos ha vivido un verdadero ángel.

Deseo que esta historia te guste tanto como a mi y que veas cómo cada trocito que la compone se aplica en tu vida, pues en ella encontrarás, inevitablemente, la presencia de un ángel.